Artículo Certificado: Ambientalmente Amigable (una crítica a la idea del desarrollo sostenible)

Carlos Murcia

cjmurcia@gmail.com

El 05 de junio celebramos el día mundial del medio ambiente, así declarado por la ONU (Organización de las Naciones Unidas) y una reflexión significativa en estos días donde aparecen incontables buenas voluntades, podría estar en el hecho de tener “conmemoraciones” y campañas ambientalistas en todo el mundo cada año, y conforme el tiempo pasa, las acciones y actitudes de peso que hagan un cambio radical (hablando en el sentido de llegar a la raíz de los problemas) parece que no sucederán ni cerca ni lejos. Es posible que alguna gente se lo pregunte, sin embargo este espacio también lo debería hacer: ¿es importante tener un día para el ambiente? ¿O será mejor buscar tener un ambiente para todos los días?

La intención en señalar los discursos que buscan un ambiente mejor, es de ahondar en las responsabilidades de todo lo que se dice; mucha gente que está involucrada en movimientos ambientalistas o en campañas activistas a favor de proteger la naturaleza o que desde su cotidianidad implementa prácticas ambientalmente amigables, ya sabe que las grandes preguntas sobre el futuro de La Tierra no tienen un panorama exitoso. Es de reconocer positivamente la actitud de muchas de estas personas, sin embargo lo que más preocupa es observar como muchas buenas propuestas y potencialidades se convierten en dinámicas sin sentido que más bien absorben la fuerza de personas que tienen la intención de hacer algo más.

Si de una u otra forma hemos llegado críticamente a la conclusión de que es necesario un mundo diferente y buscar un cambio, la responsabilidad de decir esto conlleva buscar esas alternativas con una perspectiva integral y por lo anterior los discursos superficiales y soluciones no sustentables deberían quedar a un lado.

La conciencia sobre nuestras prácticas no se puede obviar tan fácil en medio de un contexto nacional donde los desastres ambientales han aumentado agresivamente en las últimas 2 décadas, hasta llegar al punto de tener actividades tan perjudiciales como la minería a cielo abierto con uso de cianuro y otros químicos muy dañinos en la zona norte, megaturismo hotelero sin control en la costa pacífica, agricultura tóxica en su mayoría de monocultivos de piña en la zona sur, el Caribe y el norte, o las decenas de proyectos hidroeléctricos en nuestras cuencas más importantes, entre muchas otras amenazas.

Es así que acciones como ahorrar unas gotas de agua mientras British Petroleum mata el Caribe, apagar los bombillos mientras se siguen destruyendo los ríos, o consumir productos orgánicos mientras dejamos que se propaguen monocultivos; se convierten en esfuerzos aislados a una realidad que requiere voluntades más a fondo de forma urgente.

Tomar entre las manos una hoja para firmar peticiones es muy fácil y esto lleva a que muchas veces las decisiones no las sintamos propias; si bien la “conciencia correcta” o la “conciencia pura” no existen, pero es inexcusable la forma en que muchas y muchos no quedamos a la espera de que nuestros “líderes políticos” nos avisen hasta cuando el mercado dejará de ser su prioridad. Las evidencias de la necesidad de cambio son muchas, y por esto no es casual que actualmente ayudar, en su mayoría, sea hacer cosas que nos permiten seguir conservando el status quo en el que hemos vivido por algunos años, tanta publicidad por promover esto nos aparta de los problemas reales, y al final nos sentimos mas tranquilos y tranquilas con nuestras conciencias.

Detrás de una actitud simpática y límites prácticamente inmóviles al cambio en las relaciones sociales, la decisión queda en los que hacen lo menos, o más bien en quienes disfrazan de discursos atractivos las posibilidades de hacer algo por el ambiente. Las propuestas de lucha radical, resistencia sin miedo y organización con principios justos han llegado a ser señaladas de utópicas, criminalizadas y calladas para posicionar una imagen “sostenible” de un sistema económico que nunca lo será.

Junio, 2010