De Fondo

de-fondoEl blog como herramienta crítica del escritor

por William Eduarte

willaseb@racsa.co.cr

http://lagangrena.blogspot.com/

Yo tengo un blog. Mi blog, al que por lo menos le he sido fiel desde que empecé a escribir en medios virtuales es La Gangrena. Ya son casi cuatro años, 279 entradas, algunos comentarios; pero no voy a mentir, soy un blogguero promiscuo.

En estos momentos tengo tres blogs, uno para cada atmosfera creativa. Durante este tiempo además, me ha dado por abrir y cerrar estos espacios, inventando nuevos de acuerdo al tema o a la necesidad del momento. Así he pasado por satancons, zoovenir, losmirosinquerermirar, etc. En su mayoría de corta duración y con propósitos bastante concretos: postear textos míos y lograr la distancia suficiente para trabajarlos.

Tal vez al principio tenía una necesidad de retroalimentación, ya sea mediante los comments de otros bloggeros o la falta de los mismos. Pero conforme fui experimentando con la herramienta descubrí que este modo de auto publicación virtual lograba separarme realmente del texto. Aunque ya había pasado mi propio proceso editorial, volvía en el buscador a generarme la distancia necesaria para regresar al taller, a la limpieza obligatoria y mejorar lo escrito.

Según conozco ahora, el boom de los blogs se dio justamente en la época que yo abrí el mío, entre el 2005 y 2006. Según datos oficiales (si es que existe algo oficial en internet) se creaba uno por segundo, 86.400 al día. Eso durante su momento de brillo como juguete nuevo de la red de redes. Ahora se contabilizan menos de 100 millones de blogs. Inclusive ya se ha teorizado sobre la muerte de los mismos, porque según los expertos la web 3.0 es tan novedosa que no podrá soportar los rígidos sistemas que utilizan los blogs.

Bueno, a mi esto me tiene sin cuidado, mientras blogger o wordpress o el servicio que sea siga existiendo gratuitamente, yo seguiré teniendo el mío. Igual me interesa poco si de alguna manera para los escritores jóvenes los blog cubren o se convierten en lo que para otras generaciones significó publicar un libro de papel y goma. En estos momentos creo más en la hibridación de los viejos formatos con los nuevos, de manera que resulten nuevas posibilidades en vez de agotarse las ya existentes.

Por ejemplo, libros formados desde los blogs, blogs formados a partir de lo que no dijeron libros, libros digitales en aparatos electrónicos, un sinfín de posibilidades. De experiencia propia, gracias a La Malacrianza, es gracias a las bitácoras que he logrado enlazarme con otros escritores nacionales y ofrecerles las posibilidades de publicar. Lo que antes se lograba con lecturas y revistas, los medios virtuales lo están logrando de maneras inmediatas.

Y no sólo a escala nacional, sino también internacional. Por lo que ya no es tan sorprendente que escritores relativamente jóvenes de espacios físicos como Argentina, República Dominicana o Chile logren conectarse e intercambiar textos con los costarricenses. Nada nuevo, la globalización de la que tanto hablaban en el colegio y la universidad, tiene también su lado positivo.

Pero vuelvo a lo que me importa: el blog como una herramienta de autodestrucción. Cuando iniciaba en esto de publicar textos en ventanas con direcciones electrónicas, creía firmemente que estos espacios se volverían de intercambio y trabajo entre lectores y escritores, cosa que hasta el momento sigo esperando, porque en general los comentarios no pasan de: “me gustó”, “no me gustó”, “husos horarios se escribe con h”. Son más los comentarios erráticos que los punzantes, más los correctores ortográficos que los correctores literarios (bueno en mi caso). Es la sensación de intercambio con desconocidos la que ha logrado instaurar en mi imaginario, la exposición suficiente para juzgar mis propios textos desde una lejanía diferente. Supongo que la lejanía de quien ya no siente tan propias sus creaciones, y puede empezar a ver las fallas que antes no.

Entonces ya no es el blog sólo un espacio por el cual pasa la necesidad de mostrarme a otros, sino también la de lograr romper una especie cordón umbilical que protege a mis textos de mi mismo (o viceversa puede ser que el que ocupe protección sea yo, de la realidad).

El blog de este modo, pasa a ser más bien un paso en la escritura. Un destinatario de los errores y los propios logros en la creación literaria. Un recurso válido además, porque nos da la posibilidad que los viejos formatos no tenían: el cambio.

Publicar antes en medios rígidos o físicos era destinar un texto a la inmovilidad. En cambio en estos lugares virtuales, no existe tal cosa como la rigidez. Al ser uno su propio editor y contar con las herramientas para cambiar, borrar, alterar lo que antes había sido publicado, es posible el arrepentimiento. O lo que es más sutil: el tallereo tardío, el trabajo de mesa con lo que ya se expone.

En mi experiencia, esto me permite pasar a fases finales y llevar un recuento del proceso que está teniendo el libro que estoy creando. Algo así como un mapeo no sólo del avance y limpieza de los textos, sino también de las intenciones con las cuales se parten para escribir los mismos. Una colección de ambientes, de grandes equivocaciones pero sobre todo, de los aciertos que esas mismas equivocaciones generan en la creación.

En el blog no sólo convergen síntomas parecidos a los que un escritor podía sentir al publicar en revistas, antologías o libros propios. También le da la posibilidad de instaurarse virtualmente en un lugar al que antes no podía, aunque sea de manera ficticia: el lugar del editor.

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